Por J.Valer
Después del ajuste de cuentas con su pasado que supuso la oscura La mala educación y del acierto y éxito de la hermosa Volver, Pedro Almodóvar se acerca con Los Abrazos Rotos al melodrama en estado puro para hacer un personal homenaje al mundo del séptimo arte teñido de pasión, dolor y culpa.
Lo hace usando planteamientos y estructuras narrativas que ya utilizó en Hable con ella y La mala educación, y de nuevo repitiendo (como hiciera con los personajes de Eusebio Poncela en La ley del deseo y Fele Martínez en La mala educación) utiliza la figura del protagonista director de cine, siempre como alter ego propio, como eje central de la trama.
En esta ocasión Mateo Blanco/Harry Caine (Lluis Homar) es un director de cine que queda ciego después de un accidente y que rememora la incompleta y truncada historia de amor que vivió años atrás con una aspirante a actriz (Penélope Cruz) mientras rodaba la comedia Chicas y Maletas (autohomenaje del director a sus Mujeres al borde de un ataque de nervios) que marca sus vidas y la de los otros vértices de la historia: el productor y pareja de la actriz ( José Luis Gómez) y la jefa de producción del director ( Blanca Portillo).
Los Abrazos Rotos reúne todos los ingredientes de una gran historia y sin embargo es una película irregular, que gana y pierde intensidad varias veces a lo largo del metraje, sobre todo porque su guión está lleno de cabos sueltos que no acaban de formar una estructura sólida y pretensiones que no acaban de materializarse, y es que la película juega con situaciones y personajes que quedan desaprovechados mientras que los caminos que sigue el director manchego se desinflan en su resolución.
El reparto está lleno de nombres que han acompañado a la filmografía del director y de jóvenes y populares rostros televisivos, pero el peso recae en los solventes José Luis Gómez y Blanca Portilo, un notable y comedido Lluis Homar y una bella como pocas veces en la gran pantalla Penélope Cruz, actriz que continua creciendo con un personaje complejo y que, una vez más, demuestra su talento cuando está bien dirigida.
Quizás porque están en algunos de los mejores momentos de la película, sería injusto no mencionar los trabajos de Carmen Machi y Lola Dueñas, reinas de los momentos más cómicos del film.
Con una factura técnica impecable, donde destaca el trabajo del compositor Alberto Iglesias, estamos ante un buen film que sabe a poco viniendo de Almodóvar, director que convierte cualquiera de sus estrenos en un acontecimiento y al que se suele exigir más que a cualquier otro, y que en este ocasión no llega a satisfacer la expectación creada (precedida, sin duda, por el gran éxito de Volver, su anterior trabajo).
Noticias relacionadas:
Más sobre: Cine, críticas, Los abrazos rotos, Pedro Almodóvar, Penélope Cruz












