Es la primera de tres entregas, en un proyecto muy ambicioso dentro del cine español, es una suculenta demostración de que en España, sabemos hacer cine y pese al entusiasmo que destila el director con esta película, es aburrida hasta decir basta, es La herencia Valdemar.
Por José Osbru
Basándose de la maestría y mitología de Lovecraft, esta película tiene un guión propio que no convence en absoluto. Es toda una declaración de intenciones, pero se queda en eso, en buenas intenciones. Por un lado, se trata de un film español y de género, resuelto con una maestría increíble en cuanto a fotografía y dirección se refiere, dejando claro, como ya sucede en otras cintas españolas, que técnicamente somos una industria que poco tiene que envidiar a las más fuertes. Está la cuestión de presupuestos, pero de eso hablamos otro día. Por otro, se nota que está hecha con unas miras muy altas, que José Luis Alemán ha hecho una apuesta muy fuerte para sacar adelante un proyecto difícil.

Pese a que en esta primera entrega el guión es una losa absolutamente infumable, la impresión general del conjunto es buena, y me quedo a la espera de que la conclusión del film con lo que al parecer van a ser dos partes más, me saque de la confusión en la que me encuentro ahora mismo.
La herencia de Valdemar, es la primera trilogía épica del cine español. Esperemos que el dicho no esté en lo cierto y que segundas partes, en este caso, sí sean buenas y que estas otras cintas que están por venir, aporten a la historia todo aquello que de momento se ha quedado en el tintero, superando las espectativas que en el espectador despierta el cine de terror. De lo contrario La herencia de Vademar no la querrá heredar nadie.
No se libra de ciertos defectos, especialmente en cuanto a guión se refiere, pero se trata de un film tan sincero y entusiasmado en su añejo atractivo, que atrapa pese a los handicaps propios de un film de casi tres horas dividido, literalmente, en dos.

Queda cierta sensación de que el argumento se podría haber sintetizado más en algunos puntos, incluyendo algún atajo interpretativo atado al puro terror e incluso de alguna interpretación que no pasa de correcta por ser, precisamente, demasiado teatral.
La herencia Valdemar se apunta algunos tantos bien gordos: para empezar, se molesta en enfatizar su modestia, pero sorprende por lo bien hecha que está. Se sigue con interés en sus dos líneas temporales, deja con ganas de más, y seduce por la buenísima factura técnica con la que Alemán resuelve.
De esa manera, los títulos de crédito iniciales sólo pueden ser calificados como emocionantes, y una fenomenal música de Arnau Bataller hace parecer el film el doble de grande en cuanto a presupuesto. La presencia de Paul Naschy es ciertamente carismática, como también las aportaciones de Óscar Jaenada, Silvia Abascal y un divertido Eusebio Poncela.

Lo importante es que el esfuerzo de Alemán no está enfocado a aterrorizar a lo gore como en REC, vomitando bilis y sangre sobre la juvenil audiencia, pero como él lo sabe prefiere crear un clima y una historia tradicional que van desembocando poco a poco en algo terrorífico. Con un ambiente de lo mas romántico y clásico, el film tiene un aroma a serie B, que le dota de mucha creatividad.
La herencia Valdemar es una apreciable sorpresa y una clara muestra de querer hacer las cosas bien, pero la gran pata que cojea es sin lugar a dudas el guión, flojillo pese a estar basado en escritos de uno de los literatos fantásticos y de terror más valorados de la historia.


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