Una mujer española, fiel al catolicismo, resultó ser tan creyente que, a su muerte, dejó su propiedad como herencia al por entonces Papa Juan Pablo II, en 1993. Cinco años más tarde, el pontífice lo vendió a una pareja homosexual que vivía debajo sin ningún miramiento por ser gays.
Según informa 20minutos.com, cinco años después del traspaso de propiedad, Alberto vivía con su novio en el mismo edificio. Tenía humedades en el techo por lo que decidió ponerse en contacto con el dueño del piso de la fallecida. Cuál fue su sospresa cuando descubrió que el piso pertenecía al nuncio apostólico de la Santa Sede en España.

Monseñor Lajos Kada, el representante por aquel entonces de Su Santidad en nuestro país, les ofreció el piso de manera inmediata: “¿Os gustaría quedároslo?” Quién se iba a imaginar que el Vaticano iba a vender a una pareja homosexual una casa legada por una cristiana.
Alberto: “La Iglesia no nos quiere, pero para hacer negocios, sí”, asegura.
Años después Alberto se separó de su novio y conoció a Miguel Ángel, su actual marido y presidente del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM).
Por su parte, Miguel Ángel manifiesta que “la ley significa igualdad de derechos para todos los ciudadanos”. Asimismo, considera que “las cosas han cambiado para bien. Hace 10 años determinados partidos decían que éramos perros y gatos, y ahora hay mayor aceptación, más visibilidad, y podemos casarnos… Sin embargo, especialmente fuera de las grandes ciudades, seguimos teniendo un problema de homofobia en este país, sobre todo si tenemos una jerarquía eclesiástica que está todo el día erre que erre”.
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