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La directora británica Andrea Arnold se adentra con un duro drama en la vida de una adolescente que lucha por escapar del mundo que le rodea, y lo hace con un brillante ejercicio que sigue la estela del mejor cine británico social marcado por las figuras de Mike Leigh (Secretos y mentiras) o Ken Loach (Sweet sixteen).
Fish tank sigue los pasos de Mia, una joven conflictiva e inadaptada de 15 años que usa el baile como válvula de escape y que ve como la llegada de la última pareja de su madre acaba por romper su lucha adolescente hacia el camino de la madurez.
Con grandes dosis de realismo, y siempre desde el punto de vista de la adolescente, Arnold utiliza la cercanía al personaje, omnipresente en prácticamente todo el metraje, para transmitir sus emociones y sus conflictos haciendo al espectador cómplice de sus sentimientos, para ello se agarra a un montaje rápido, una fotografía fría y realista, y a un rodaje cámara al hombro que funciona como metáfora de lo que siente la protagonista.
Todo el peso del film lo lleva con éxito la debutante Katie Jarvis, con un trabajo notable lleno de espontaneidad y fuerza, y junto a ella aparecen Kierston Wareing (En un mundo libre) y Michael Fassbender (Malditos bastardos) en un reparto más que creíble, que hace de Fish tank una película sincera y atrevida, un duro y amargo retrato social, a la vez que un muestrario de pistas de lo que puede ser el mundo adolescente, al que si hay que poner alguna objeción es quizás un metraje un tanto estirado.
Fish tank consiguió el año pasado el Bafta a la mejor película británica del año, así como el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes.
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