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El actor, guionista y director Guillaume Canet (La playa o Juntos, nada más) estrena su tercer largo como realizador después de arrasar en la taquilla francesa con una comedia dramática que homenajea a la amistad con un resultado desigual.
Pequeñas mentiras sin importancia gira en torno a un grupo de amigos que ante un grave accidente de uno de ellos después de una noche de juerga, deciden no suspender sus vacaciones anuales en la casa de la playa de uno de ellos, lugar donde saldrán a relucir sus defectos, sus inseguridades, sus secretos o sus esperanzas.
Con semejanzas a los retratos generacionales del films como Reencuentro de Lawrence Kasdan o Los amigos de Peter de Kenneth Branagah, la película de Canet se mueve hábilmente entre la comedia y el drama en su intento de hacer una radiografía de un grupo de treintañeros burgueses centrada en temas como la amistad, el sexo, la atracción o el engaño.
El planteamiento coral del film y su excesiva duración permiten hacer un retrato detallado de cada uno de los personajes a través de múltiples matices y de secuencias ingeniosas bien dialogadas, a lo que se suma una realización atractiva y una banda sonara llena de hits.
El problema, salvando algún defecto en la forma, aparece en el fondo, cuando el mensaje que quiere transmitir Canet se llena de estereotipos con un claro fin complaciente que termina por cargarse el espíritu de un film correcto y entretenido que o te gusta mucho o que odias profundamente por su empalague, sobre todo en su tramo final.
Dentro del reparto coral, destacan las interpretaciones del veterano actor Francois Cluzet (Paris), Benoit Magimel (La pianista), Gilles Lellouche (Adele y el misterio de la momia) o la escarizada Marion Cotillard (Nine), pareja sentimental del director.
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