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La guionista Massy Tadjedin (The jacket) debuta tras las cámaras con una película intimista que juega a mostrar las contradicciones de las relaciones, y donde se mezclan celos, sentimientos que no se olvidan, amor o desencuentros en un trabajo que no termina de encajar del todo, y donde sólo su estupendo reparto consigue destacar.
La trama no aporta nada novedoso, aunque hay que agradecer la humanización de unos personajes sin el empeño de señalar buenos o malos, así Sólo una noche presenta la vida de un joven matrimonio en apenas 24 horas, coincidiendo un viaje de negocios de él con una atractiva compañera de trabajo y el reencuentro de ella con una antigua pareja de paso en la ciudad.
Unos diálogos un tanto forzados, perfectamente adornados con una puesta en escena brillante y oscura, permiten jugar a la directora y guionista con una narración paralela mostrando los entresijos de la complejidad humana en materia sentimental, y sobre todo emocional.
Y poco más, porque ese es el lastre del film, que no hay nada más, sólo conversaciones, miradas, silencios o dudas que hacen que el atractivo de Sólo una noche vaya menguando según avance el metraje.
Al final lo que queda es un equilibrado trabajo de su reparto, donde destaca la pareja formada por una expresiva y bella Keira Knighley (Nunca me abandones), que junto al actor y director francés Guillaume Canet (Pequeñas mentiras sin importancia) ofrecen los mejores momentos del film, frente al trabajo bastante más ligero a la otra pareja formada por Eva Mendes (Teniente corrupto) y Sam Worthington (Avatar).
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