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La piel que habito ahonda aún más en los sentimientos encontrados que se mueven alrededor del cine de Pedro Almodóvar, donde la máxima veneración o el mayor de los rechazos acompañan a cada uno de sus estrenos.
Su último y esperado film es un thriller inquietante y radical, a veces incómodo pero siempre sorprendente, una película que gana según avanza su metraje, y que sigue creciendo después de su visionado, hasta revelarse como una obra turbadora, valiente y asombrosa que suma un nuevo éxito en la filmografía del director manchego.
Basada libremente en la novela del escritor francés Thierry Jonquet Tarántula, la película puede parecer un giro dentro de la filmografía de su director y guionista, cuando en realidad viene a ser una coherente continuación de su temática habitual teñida en esta ocasión por el dolor y la venganza como ejes de una trama complicada y narrada de forma minimalista.
El arranque del film resulta desconcertante por la ausencia de información, sensación que se rompe poco a poco a través de una estructura narrativa llena de saltos temporales que brillantemente, y de forma gradual, va uniendo las piezas del puzzle dando sentido a su retorcida historia, que se mueve ágilmente entre distintos registros, y donde se podría recortar alguna secuencia que o bien no pinta mucho en su desarrollo, o viene a incidir en una explicación ya claramente planteada.
La factura técnica es impecable: planos estudiados al detalle y llenos de matices, una colorista y hermosa fotografía de José Luis Alcaine (premiada en Cannes) o el mejor trabajo hasta la fecha para Almodóvar del compositor Alberto Iglesias.
El esperado reencuentro, veinte años después, con uno de los actores fetiches de su filmografía funciona muy bien, logrando Antonio Banderas un trabajo medido, frío e inquietante, aunque el protagonismo de la cinta se lo lleva una espléndida y bella Elena Anaya.
Junto a ellos un nutrido grupo de secundarios que incluye nombres como Marisa Paredes, Roberto Álamo, Eduard Fernández o Blanca Suárez y donde sobre todo destaca el breve e intenso papel de Jan Cornet.
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