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Después de su mediática reclusión por sus problemas con la justicia, el gran Roman Polanski regresa con una ácida y divertida visión de la condición humana que sabe a poco, a pesar del esfuerzo de un cuarteto de actores magníficos.
Adaptando la famosa obra teatral de Yasmina Reza, que firma el guión junto al director de títulos como El escritor o Chinatown, Un dios salvaje no oculta en ningún momento sus orígenes teatrales respetando la narración en tiempo real y un único escenario para sus breves ochenta minutos de duración, que sólo se rompen con dos pequeñas secuencias con plano fijo que sirven para abrir y cerrar el film, y donde se puede disfrutar de una ejemplar partitura del compositor francés Alexandre Desplat.
La reunión de dos parejas para tratar la agresión donde se han visto envueltos sus respectivos hijos es la excusa para hacer un retrato social que va de menos a más, de lo cordial a lo abrupto jugando con grandes dosis de sarcasmo y humor que sorprenden y entretienen, pero que saben a poco pensando en si se hubiese ido un poquito más allá con la trama.
El film está bien rodado y dirigido, y su gran baza (y casi todo su peso) recae sobre un reparto sobresaliente donde sus actores cumplen sobradamente con su cometido: las oscarizadas Jodie Foster (El castor) y Kate Winslet (The reader) ofrecen lo que se espera de ellas, pero son Christopher Waltz (Malditos bastardos) y John C. Reilly (Cyrus) las auténticas estrellas de la película.
En definitiva, un sencillo ejercicio con diálogos brillantes y grandes interpretaciones, pero que no puede disfrazar su carácter de obra menor dentro de la filmografía de un gran director.
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Más sobre: Christopher Waltz, críticas, Jodie Foster, Kate Winslet, Roman Polanski, Un dios salvaje














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