Después de afrontar con éxito su primer trabajo con un
texto ajeno, Elegy basado en una novela de Philip
Roth, donde claramente dejaba una huella que película
tras película se ha convertido en estilo personal,
la directora y guionista Isabel
Coixet se rinde a la cultura japonesa
en Mapa de los sonidos de Tokio, film un tanto
ambicioso y magníficamente rodado que promete mucho más
de lo que da.
Varias
historias se entremezclan en el relato; una mujer con
una doble vida, un padre que quiere vengar la muerte de
su hija, el novio español de ésta y un hombre
obsesionado con los sonidos, son los personajes de está
trágica historia de amor que
tras un brillante e inquietante comienzo se va diluyendo
dando paso a una historia demasiado previsible, lejos de
la brillantez e intensidad de otras guiones de la
directora como Mi vida sin mí o Cosas que
nunca te dije.
Y es
que lo que cuenta parece que no da para más, es una pena
que la directora no sepa sacar todo el jugo al material
que plantea, que dicho sea de paso puede resultar
demasiado semejante e influenciado por el cine de su
admirado Wong Kar-wai
o por las historias del popular Haruki
Murakami, además de contar con alguna
secuencia que inevitablemente a muchos hará recordar el
trabajo de Sofia Coppola en
Lost in Translation.
Lo que
queda, que no es poco pero si insuficiente, es un bello ejercicio que recorre
la ciudad apoyado por un gran trabajo técnico;
donde hay un cuidado trabajo musical, un detallista
estudio de los sonidos obra de Aitor Berenguer,
premiado en la última edición de
Cannes,
o el preciosista trabajo del operador Jean Claude
Larrieu, habitual colaborador de la directora
catalana.
Mapa
de los sonidos de Tokio
también sirve para confirmar a la actriz
Rinko
Kikuchi,
revelación de Babel con nominación
al Oscar incluida, que dota de verdad y fuerza
a su personaje, y para ver un correcto trabajo del
actor Sergi
López en un
bonito film que no deja de ser frío capturando y
escondiendo las emociones que lleva dentro.