Destinada a ser un referente dentro del manido,
encasillado y estereotipado género de la comedia
romántica, (500) días juntos rompe las
normas de la típica historia de amor vista mil veces,
para contarnos otra historia (también vista mil veces)
sobre el amor (o el desamor) que envuelven (en
ocasiones) las complejas relaciones de pareja.
El
acierto de la ópera prima de Marc Webb
es el punto de vista elegido, donde el final se cuenta
al principio, y donde la ruptura de la narración lineal
da paso a una inteligente propuesta formal
de idas y venidas en el tiempo para ir
uniendo las piezas del puzzle alternando el antes, el
después y el durante; y donde las repetitivas secuencias
con la canción de turno de fondo dan paso a otras
brillantes, como la secuencia a pantalla partida donde
se ven las expectativas y la realidad de lo que vive el
protagonista de la historia.
El bonito envoltorio de la historia no
consigue disimular lo hueco del argumento, y es que
parece que Webb y los guionistas, los también debutantes
Scott Neustadter y Michael H. Weber, están
más preocupados en incluir, por ejemplo, continuos
guiños cinematográficas o referencias musicales antes
que profundizar en los desdibujados personajes
construidos a base de referencias.
Pese a todo
Joseph Gordon-Levitt
(G.I. Joe)
se entrega con éxito a su personaje rendido a la
búsqueda del amor, aunque es Zooey
Deschanel (Di que sí) a
base de dosis de frescura quien gana la partida
convirtiéndose desde ya en un actriz a tener en cuenta.
Aún así(500) días juntos se convierte en una más que
atractiva propuesta, que bebe de Annie Hall o de
las más recientes Olvídate de mi y Amelie,
y que consigue que el espectador se reconcilie con el
tópico género romántico made in Hollywoodcon una historia con toque
indie que mezcla lo conmovedor y lo atroz de las
relaciones de pareja tocando la fibra sensible del
espectador, en definitiva un título muy recomendable.