Nadie duda que
Alejandro Amenábar se ha hecho un hueco
entre los grandes del cine español a base de éxito de
público y crítica, y lejos de repetirse, pero con un
sello personal propio, ha ido tocando distintos géneros
en su corta filmografía pasando del thriller de Tesis
al terror fantasmagórico de Los Otros o el drama
biográfico de Mar Adentro.
Con Ágora
se atreve con un drama histórico que
forma una película compleja y arriesgada que no gustará
a todos los públicos.
Utiliza con licencias el atractivo e
interesante personaje de la astrónoma y filosofa
Hypatia, pero no sólo para hacer un retrato de su
trabajo o su vida, sino también como excusa para hacer
una crítica de los fanatismos religiosos.
Lo mejor de la película es lo
espectacular de su puesta en escena,
un sobresaliente trabajo de ambientación que se ve
empañado por la insistencia del director de Abre los
ojos en regalar al espectador continuos e
innecesarios planos aéreos buscando una espectacularidad
que no necesita ser resaltada de esa forma.
El principal problema es que quiere
abarcar demasiadas cosas pasando por encima en la
mayoría de ellas, sin olvidar el punto de vista
contemporáneo que impregna el relato,
que resulta demasiado actual no sólo en los paralelismos
del tema religioso, si no también en la visión que se da
del papel de la mujer. A esto contribuye un guión
firmado junto a Mateo
Gil que contiene más de un altibajo y que
no deja de ser previsible en la mayoría de sus pasajes.
Ágora
gana fuerza por el brillante trabajo de
Rachel Weisz,
que queda en ocasiones deslucido por la falta de
equilibrio en un amplio reparto donde destaca el
veterano actor Michael Lonsdale y el joven Max
Minghella, que dota de verdad a su
personaje, al contrario que otros jóvenes intérpretes
del film.
Amenábar realiza su trabajo más personal
con una gran película que arrastra defectos, un
prodigioso trabajo visual en detrimento de la historia
que cuenta, un nuevo ejemplo del talento de un director
que tiene todavía muchas cosas que ofrecer, y que
seguramente se irá superando con el tiempo.