En un
momento tan delicado como el que vive el cine español,
donde la crisis del sector se acentúa al mismo tiempo
que el público da la espalda a la mayoría de las
propuestas, de repente, aparece un pequeña propuesta,
que encierra una gran película, para dar un
nuevo respiro a la industria, y porqué no, reconciliarse
con el público.
Esa
pequeña joya, que sobresale por encima de las esperadas
obras de los directores consagrados que han brillado
menos de lo esperado en este año, sin duda es
Celda 211, una
sorprende e inteligente película que consagra la hasta
ahora más que discreta trayectoria de
Daniel
Monzón con títulos como El corazón
del guerrero o La caja
Kovak.
Adaptando la obra homónima de Francisco
Pérez Gandul, el propio
Monzón, junto a Jorge
Guerricaechevarría, construyen un sólido
guión ambientado en el siempre complaciente para el
mundo del cine género carcelario, donde un joven
funcionario de prisiones que todavía no ejerce como tal,
se ve involucrado en un motín donde se tendrá que hacer
pasar por un preso más para sobrevivir.
El poder de la película reside en como
atrapa al espectador desde la primera secuencia,
arrastrándolo en una vertiginosa propuesta donde el
ritmo no decae en ningún momento,
y donde unos personajes perfectamente construidos, unas
buenas líneas de diálogo y una perfecta puesta en
escena dan paso a un magnífico
ejemplo de auténtico cine de género que no se limita a
imitar o adaptar, sino a construir una de las mejores
películas españolas de los últimos años.
Sin
duda esto no sería posible sin el buen hacer de Daniel
Monzón, entregado de pleno al material que tiene entre
manos y que regala momentos brillantes y secuencias
memorables al espectador, que consiguen disimular otras
no tan logradas, y sin un reparto que ofrece unas buenas
interpretaciones.
Por
encima de todos destaca un inmenso
Luis Tosar,
que hace un trabajo memorable que confirma, al que no lo
tuviese claro, que es uno de los mejores intérpretes del
último cine español, y que
ayuda a disimular lo arriesgado de otorgar el papel
protagonista el casi novato Alberto Ammann, que
no consigue trasmitir toda la fuerza necesaria a su
personaje, a pesar de estar arropado por un plantel de
actores que hace un trabajo excelente con nombres como
Vicente Romero, Carlos Bardem o Marta
Etura, y donde merece mención aparte el trabajo del
gran Antonio
Resines.